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A considerar 1: muchos datos,
poca información
 

Los grandes defensores de las nuevas tecnologías de información sostienen que ellas son la vía para la igualdad en el acceso y potencial generación de información. Es un asunto cuestionable, si consideramos algunos de los planteamientos siguientes.

 

 

La era de la información l La recomposición del tiempo y el espacio


El camino de evolución de un dato hasta convertirse en conocimiento no es breve y requiere de interpretaciones adecuadas en cada nivel para generar valor. De hecho es una travesía continua, que no se acaba, porque buena parte del origen del conocimiento es la capacidad de cuestionar el conocimiento acumulado, no para destruirlo, sino para enriquecerlo. Por eso, el tipo de conocimiento requerido en la sociedad de la información es el que puede llamarse el del “especialista inespecializado” ; es decir, conocer los detalles de una ocupación, pero tener la capacidad de abstraerse de ella y mirarla con ojos inquisidores y críticos.

Una relación básica entre dato, información y conocimiento es la siguiente: el dato es un fragmento de sentido, el nivel más simple de transferencia, ideal para las máquinas, pero carente de contexto; la información es un grupo de datos envueltos en una capa de referencia, que los hace comprensibles y funcionales, asociados a elementos externos. Estos datos resultan útiles para las personas y también para ciertas máquinas, que actualmente están en capacidad de procesarlos; y el conocimiento es información envuelta en una capa de contexto aun superior; posee mucho significado y permite seguir patrones diferentes, aun en situaciones similares, pero sin que esto desemboque en un fracaso. Es finalmente, lo que se enseña –en teoría- en las instituciones educativas. Y cada nivel incluye a su predecesor.

Un ejemplo básico es decir que “2 grados” es un dato; “2 grados centígrados indican una temperatura baja” es información; y mencionar que “cuando hace 2 grados centígrados es muy probable que una importante cantidad de niños menores de 4 años enferme”, es conocimiento. Obviamente, en la vida diaria las relaciones son mucho más complejas que en el ejemplo, pero éste muestra las diferencias gruesas.


La era de la información
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Considerando el proceso de maduración que hoy experimenta Internet, es razonable preguntarse qué información es la que está disponible en la red.

Richard Saul Wurman, en la segunda edición de su libro “Angustia Informativa”, escrita después de la efervescencia de las empresas punto com, a fines del milenio pasado, menciona que el gran problema de las nuevas tecnologías de información es “navegar a través de una corriente de bytes que nos inunda con datos, pero nos deja hambrientos de herramientas y modelos que les den significado. En realidad, no ha habido una explosión de información, sino una explosión de no información” .

Wurman, que es arquitecto de información, deja expuesta la esencia de esta disciplina: generar las herramientas adecuadas para que el paso de los datos a la información pueda concretarse. Alude a un concepto que es básico: el significado. En mi personal punto de vista, el objetivo no es brindar significados a los usuarios, pero sí dar todas las facilidades para que ellos creen sus propios significados.

Este es el primer asunto que permite cuestionar el supuesto incremento sustancial en la cantidad de información que existe en el mundo gracias a las nuevas tecnologías de información. Pero hay más.

Al margen de los contenidos que por sí solos no constituyen información, sino datos carentes de significado y carentes de pistas para construir significados, existe mucha información que sí está bien procesada, pero que no es información nueva. William Wresch, dice que hay un error de interpretación en este sentido:

Asumimos que masas de información son generadas, más información cada día, más de la que el mundo jamás ha visto antes. Eso no es exactamente equivocado, pero tampoco totalmente cierto. Demasiada información no está disponible, incluso para el “information rich”. Estamos perdiendo algo... ¿Está el mundo rebosante de información? Y si es así, ¿implica esto el fin de todos los problemas del mundo? Nos fijamos en los flujos, pero no observamos cuidadosamente cómo la información realmente se mueve de un lugar a otro ni por qué frecuentemente ni siquiera se mueve. Y somos arrogantes acerca de nuestras propias habilidades para disponer de la información, en lugar de dar ejemplos de nuestras debilidades en este campo.

Las palabras de Wresch permiten poner sobre la mesa un problema que no se origina en las nuevas tecnologías, pero que se refleja en ellas: los flujos de la información son limitados y, en general, siguen las mismas estructuras del poder.

Pippa Norris hace una interesante reflexión al respecto: ¿Hará Internet más fuerte la "voz de los sin voz" como algunos esperan, o meramente producirá nuevas formas de imperialismo cultural con los grandes jugadores corporativos ubicados en Sillicon Valley, Cambridge y Tokio? . Agrega que en los últimos años investigaciones del Banco Mundial y la Unión Internacional de Telecomunicaciones, entre otros, indican que la “explosión” de Internet está dejando a muchas naciones más distanciadas que antes en cuanto a desarrollo, produciendo un crecimiento más dispar en el mundo. Esto tiene directa relación con los flujos de información, que no se han revolucionado, sino que han reproducido los vicios e inequidades de siempre. Por eso, volviendo a Wresch, Negumbo Johannes (un “information poor”, habitante promedio de Namibia, cuya historia diaria el autor utiliza para ejemplificar el problema de carecer de toda posibilidad de acceso a las tecnologías de información más básicas, como el teléfono o la radio ) no tiene, y probablemente nunca tendrá, la oportunidad de acceder al supuesto crecimiento revolucionario en la cantidad de información y en el acceso a ella.

El mismo William Wresch va aun más lejos. Se pregunta si, aun teniendo personas como Johannes total acceso a las nuevas tecnologías de información y, a través de ellas a toda la información disponible en el mundo, serían capaces de hacer algo constructivo con ella. Probablemente no, porque no están preparadas para eso. Vuelvo al ejemplo de la democracia. Una buena parte del fracaso de las democracias (fracaso porque vemos que en la práctica no son democracias en el sentido estricto de la palabra) es que los ciudadanos ni siquiera sabemos comportarnos como tales y no hacemos valer nuestros derechos por las vías a través de las cuales idealmente deberíamos hacerlos valer.

Teniendo en cuenta todo lo expresado hasta aquí ¿se puede cuestionar el uso del término “Sociedad de la Información” para describir a nuestro mundo actual? Creo que no. La “Sociedad de la Información”, más que referirse a una sociedad en la que abunda la información, se refiere a una sociedad en la cual el control de la información es el elemento generador de valor (y finalmente de riqueza económica) para un individuo, institución o nación. Si nos referimos a un fenómeno general, tal vez sería más preciso llamarla “Sociedad de la Desinformación” o de la “No información”, como dice Wurman. Hay muchos datos dando vueltas; millones de toneladas, completamente accesibles para el ciudadano medio de los países desarrollados y en vías de desarrollo, sin embargo, la capacidad de transformarlos en información útil, nueva, que devenga posteriormente en conocimiento, es tan escasa, que quien la posee tiene el control. Es la regla de la riqueza: quien es dueño de un bien escaso (la información) es rico.

Debo expresar en este punto, que son innegables avances importantes y hasta revolucionarios en ciertas áreas del conocimiento a partir de la aplicación de las tecnologías de información, como la genética y las telecomunicaciones. Lo que yo estoy tratando de desbaratar es la noción de que hay mucha información nueva disponible para todos, que es lo que pregonan las “ciberutopías”.

En teoría, Internet es un medio catalogado como democratizador, que supuestamente representa mejor que nadie posiciones disidentes, la contraparte a la información “oficial”. Sabemos que es difícil legislar los contenidos de este medio de comunicación, sabemos que cualquiera (con mínimos conocimientos y bienes tecnológicos, en comparación con otros medios) puede ser emisor y que existe una gran dosis de anonimato en la red; pero de alguna manera, ese tipo de contenidos alternativos no está presente ahí; mejor dicho, sí está presente en muchos sitios –eso es indudable-, pero el porcentaje de penetración de esos sitios es ínfimo, comparado con lo que debería ser si concebimos a este medio como la gran oportunidad de multiplicar las visiones. Los sitios más visitados siguen siendo los de las compañías tradicionales y la red es usada mayoritariamente para la comercialización de productos y servicios. Lo anterior se debe a que existe un contexto histórico del medio que contribuye a que funcione así: está inserto en un modo de vida en el cual priman los principios capitalistas y comerciales; este mismo motivo me hace considerar más erróneo aun el mito de que ha habido una explosión de información. Si esa explosión no la hemos visto en nuestro mundo “real”, es imposible que la veamos en la red, a donde no podemos llevar cosa alguna que no provenga de nuestro mundo.


La recomposición del tiempo y el espacio
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Anteponiendo la reflexión siguiente a cualquier conclusión a la que pueda llegar en este trabajo, e incluso enriqueciendo de este modo la validez de estudios como el que aquí realizo, considero una falacia hablar de explosión de información en la red. En el mejor de los casos, ha habido una explosión de datos. Y creo que tampoco debemos esperar que esa explosión de información ocurra en el futuro cercano; al menos no mientras no emerjan indicios en todas nuestras esferas culturales de que existe interés y preparación suficiente como para llevar a cabo una revolución de dimensiones importantes. La revolución de las nuevas tecnologías de información no consiste en una modificación sustancial en el tipo de información que recibimos e intercambiamos, sino –en palabras de Castells- “en la inducción de discontinuidad en la base material de la economía, la sociedad y la cultura” . Como Castells, estimo que la verdadera revolución tiene más que ver con el tiempo y el espacio, que con los contenidos. En esencia, estamos produciendo la misma información de siempre, con sus vicios y virtudes, sólo que en una secuencia temporal y espacial diferentes. Por eso, considero relevante orientar una rama de estudios de Internet desde la comunicación, no a la cantidad de información o de datos, ni a sus efectos sobre las personas, sino a cómo esta información se estructura.

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> Problema: ¿Exceso de información?
  - A considerar 1: muchos datos, poca información
 

- A considerar 2: Internet es un medio nuevo


> Planteamiento del estudio

© 2003 - Esta investigación fue hecha gracias a una beca otorgada por la Secretaría de Relaciones Exteriores del Gobierno de México