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La naturaleza de mi estudio es exploratoria. A través de él, más que buscar la comprobación o refutación de algún planteamiento inicial, busco identificar áreas de oportunidad para futuras investigaciones cada vez más especializadas en los temas tratados, desde la perspectiva de la comunicación. Por lo anterior, las conclusiones emanadas de todo el análisis, transitan en el mismo camino. No existen las relaciones causa efecto que yo podría establecer con cierta propiedad si trabajase con una metodología probada por varias personas. Sin embargo, sí he podido identificar al menos un par de aspectos importantes que, estoy seguro, pueden enriquecer la teoría sobre la estructuración de los contenidos en Internet (más específicamente el WWW), que como he dicho antes, se ha caracterizado por visiones de carácter deductivo. Mis observaciones, se resumen en los siguientes
párrafos.
Según se ha apreciado en los sitios que estudié, en general existen dos ubicaciones (superior y lateral izquierda) para sostener toda la navegación persistente. Esto hace que se mezclen en un mismo menú (conceptualmente, en un mismo esquema de organización), contenidos o funcionalidades que no tienen relación directa, ni en cuanto a jerarquía, ni en cuanto a temas tratados, ni en cuento a estilos. Ejemplos de lo anterior son los chistes en medio de contenidos académicos del sitio BuenaSalud, y el vínculo "Temas de salud" en "Todo acerca de...", de Salutia, que da como resultado la especificación de nada. Estimo que una manera de enfrentar este problema desde el inicio, más allá de hacer las diferenciaciones gráficas propuestas por Morville y Rosenfeld, es construir un sitio desde un punto de vista mucho más conceptual; es decir, identificar primero secciones totalmente abstractas, como por ejemplo: “Contenidos centrales según los objetivos del sitio”, “Contenidos que se actualizan más permanentemente según un criterio X”, “Información de orientación de la navegación dentro del sitio”... Y luego pensar en esquemas de organización y sistemas de rotulación específicos. Habitualmente, la construcción se inicia al revés: desde lo concreto. El problema de esto es que, si aparece algo nuevo, no previsto, se rompe fácilmente la lógica de navegación. En contrapartida, si algo nuevo aparece en un sitio construido sobre una sólida base conceptual, necesariamente debe calzar en alguna de las secciones de navegación predefinidas. Esto está en directa relación con las proyecciones futuras de un sitio; es decir, se debe construir pensando en todo lo que puede llegar a tener y no solamente en lo que tiene al momento de construirlo. Mi punto se resume en que percibo necesario
un nivel de conceptualización previo, más abstracto que
un esquema de organización. Con esto no me refiero a un diagrama
de navegación en el cual se identifique el tipo de recorridos que
el usuario seguirá (ej: navegación jerárquica o secuencial),
que también es una conceptualización anterior a un esquema
de organización, sino que apunto más bien a la distribución
de una página en bloques de navegación predefinidos según
su orientación básica. Así como Louis Rosenfeld y
Peter Morville han identificado ciertos tipos genéricos de esquemas
de organización, también se puede llegar a identificar especies
genéricas de bloques de navegación sobre los cuales estos
esquemas se puedan ubicar con mayor facilidad.
Todos los sitios analizados ofrecen, como estructura de navegación, un híbrido entre tres esquemas de organización: temático (representado esencialmente por enfermedades específicas o tipos de cuidados, como ejercicios o dietas), orientado a públicos específicos (esto es muy claro en Salutia y AreaSalud, que destinan prácticamente un menú completo cada uno a la apelación a grupos específicos de usuarios) y funcional (servicios, como cálculo de obesidad, nivel de estrés y otras alternativas de este tipo). Las alternativas, si bien con rótulos diferentes, son semejantes en cada sitio, lo mismo que la agrupación de contenidos (por ejemplo, Salutia llama "Calcule" a las herramientas interactivas de cálculo de peso y otros; y al mismo tipo de contenido, AreaSalud llama "Herramientas" y BuenaSalud "Calculadoras"). Esto puede deberse a dos motivos: Primero: que los sitios se hayan construido imitándose unos a otros. Segundo: que las necesidades de mercado (público meta e inversionistas) de alguna manera hayan circunscrito la oferta a las alternativas antes citadas. ¿Qué importancia tiene esto
desde la perspectiva de la estructura de contenidos? Tal vez, al hacer
otros análisis, a otros rubros de sitios, se puede llegar a concluir
que para cierto tipo de contenidos, con una orientación particular,
resulta más aconsejable remitirse a cierto tipo de esquemas de
organización. Por ejemplo, está claro que la apelación
a públicos específicos funciona muy bien en los sitios de
salud, porque distintas personas, de diferente sexo y edad, tienden a
ser propensas a padecimientos diferentes; lo anterior probablemente no
es aplicable a los sitios web de las películas de Disney, debido
a que desde el comienzo existe una orientación a un tipo de público
específico, por lo cual los esquemas de organización más
importantes, necesariamente deben pasar por criterios diferentes.
Los autores dividen los tipos básicos de esquemas de organización en temático, funcional, para públicos específicos y conducidos por metáforas (más los híbridos, que no son más que la mezcla de dos o más de los anteriores). Tras mi análisis de sitios web de salud latinoamericanos, creo que a lo anterior se debe agregar a lo menos una clasificación general más: esquemas de organización basados en el tipo o formato de contenido y no en el contenido en sí. Por ejemplo, todos los sitios analizados tienen una diferenciación, más o menos explícita en cada caso, entre noticias y artículos generales tipo reportaje. Es un criterio de organización bastante válido, sin embargo no calza con precisión en ninguno de los grupos genéricos más importantes propuestos por Rosenfeld y Morville. Tal vez podría acercarse a un esquema funcional, debido a que cada tipo de contenido cumple una función relativamente diferente, pero es una relación un tanto forzada. Para este tipo de ejemplos, considero válido
lo mencionado anteriormente, respecto de la aplicación del principio
de bloques de navegación conceptuales. Un bloque de navegación
de este tipo se puede definir como el lugar en el cual se ubiquen todos
los tipos de contenido posibles, independientemente del tema en particular
que traten. Ej: entrevistas, noticias, reportajes, opiniones de expertos,
etc. De hecho, se puede hacer una clasificación aun previa, más
general de tipo de contenido, en la cual todo lo mencionado antes se ubique
dentro de contenidos de texto, para diferenciarlos, por ejemplo, de contenidos
de audio o video.
Rosenfeld y Morville hablan de esquemas de organización conducidos por metáforas como una de las clases básicas de esquemas. Creo que probablemente aplicaría más bien un concepto de estilos. La utilización de una metáfora es un estilo entre muchos otros que se pueden escoger. En el primer esquema de organización de Salutia, hay un rótulo llamado “Primeras veces”; éste posee un estilo muy diferente a los restantes (Medicina – Mujer – Hombre – Familia – Deportes – Nutrición), un poco más sutil y menos obvio, que tal vez en otro contexto resultaría adecuado. Si ese hipervínculo se ubica dentro de un esquema de organización formado por conceptos equivalentes, no puede decirse que se está aludiendo a una metáfora, aunque sí que se está aplicando un estilo diferente. Creo que una manera más genérica de definir los esquemas de organización conducidos por metáforas, es catalogarlos como esquemas de organización conducidos por estilos específicos, uno de los cuales es la metáfora; otro podría ser la ironía. Yendo más lejos con esta observación, tal vez ni siquiera es apropiado ubicar a los esquemas conducidos por metáforas en el mismo nivel de los otros (temáticos, funcionales y que apelan a públicos específicos), debido a que el principio de diferenciación no es equivalente; el primero se basa en el estilo, y el segundo en el criterio. Tomando en cuenta esta conclusión y
la anterior, es razonable pensar que, al estudiar más casos de
aplicación de principios de arquitectura de información,
se pueden encontrar diferenciaciones más amplias que las descritas
por los autores, en cuanto a esquemas de organización.
La única salvedad a este comentario es la conciencia de que se trata de sitios que apuntan a usuarios demasiado variados (muchos países, con matices distintos en cuanto a la manera de utilizar el lenguaje). En este sentido, está claro que para estos sitios los rótulos debían cuidarse de no ser regionalistas y de resultar entendibles en diferentes latitudes. Por eso tal vez no existe la aplicación de estilos muy definidos. Sería interesante hacer estudios posteriores a este mismo rubro de sitios, pero enfocados a realidades locales. Es posible que el tipo de rótulos cambie.
Esta conclusión surge básicamente de mi experiencia de analizar el sitio de AreaSalud. Algunas de las cosas que pensé hace tres años (cuando ni siquiera tenía conocimientos teóricos sobre la materia, lo cual, en teoría, me hacía más "parecido" a un usuario tipo), intentando ponerme en el lugar del usuario al momento de construir ese sitio, no calzan con lo que percibí hace dos meses al analizar el sitio desde la perspectiva del usuario (y ahora al revés, más alejado del usuario tipo por los conocimientos teóricos adquiridos). Al perder de vista lo que tenía en mente en ese entonces, también dejaron de tener sentido algunas cosas que aparentemente sí lo tenían. Es un ejemplo palpable de cómo es imposible ponerse en el lugar del usuario. Ni siquiera es completamente factible ponerse en el lugar de uno mismo en dos momentos diferentes. Volviendo al asunto de las pruebas, en la actualidad muchas consultoras ofrecen pruebas de usabilidad de sitios que describen la navegación general que un usuario realiza. Pero creo que estas pruebas deben ser más específicas, sobre todo, respecto de la aplicación de los sistemas de rotulación. El lenguaje es una herramienta de consenso para facilitar la comunicación, pero también tiene ambigüedades, que por otro lado lo hacen atractivo y permiten el uso de estilos. Ahora, hay que ver si un estilo que el creador piensa que será captado, es entendido en definitiva. Con todo esto, no quiero decir que los autores de "Information Architecture for the World Wide Web" no han considerado las pruebas con usuarios; de hecho las describen como un asunto vital en el correcto desarrollo de un proyecto web, simplemente deseo potenciar el hecho de que ponerse en el lugar del usuario es un recurso válido y necesario, pero no una garantía de éxito.
Tras analizar la estructura central de contenidos de los sitios web Salutia, AreaSalud y BuenaSalud, puedo concluir que este principio no está implícito directamente en ninguno de los vínculos de los menús de navegación persistentes. Sólo aparece indirectamente asociado a herramientas o calculadoras, en las cuales la operación es una respuesta del sitio, a una serie de datos ingresados por el usuario. Ej: si alguien pesa tantos kilos, tiene tal edad y realiza tal actividad, el sistema concluye que esta persona tiene o no problemas de sobrepeso. Ahora bien, aquí hay un punto interesante; estrictamente el emisor de los contenidos del sitio es una persona, o un grupo de ellas; sin embargo quien emite la respuesta es una secuencia de comandos de programación ¿Puede considerarse esto como interactividad directa? No es el tema de esta tesis en particular, pero es un asunto interesante a estudiar. Por otro lado, siguiendo un criterio de lógica, el hecho de que estos sitios no apelen directamente a la interactividad en sus vínculos más importantes (lo cual no es trivial, recordando que este principio es una de las bases del hipervínculo), puede deberse al menos a tres razones centrales: Primero: quienes idearon los sitios estudiados carecen de una concepción precisa de cómo explotar las posibilidades del medio. Segundo: el tipo de información entregada por estos sitios, público meta y objetivos tanto de usuarios como de emisores, no se prestan para la aplicación de instancias interactivas. La validación de lo anterior supondría el análisis de otros rubros de sitios, para identificar si el panorama se replica o no. Tercero: la interactividad finalmente no es tan clara como aparece en la teoría y en la práctica los flujos en la dirección emisor-receptor son mucho más potentes (y están diseñados para ello) que los flujos receptor-emisor. Creo que es necesario definir bien los términos
de la interactividad, lo cual también resulta interesante para
otras investigaciones. ¿Se puede hablar de interactividad cuando
nos referimos a una forma de contacto vía correo electrónico?
¿Difiere sustancialmente este mecanismo, en términos de
proceso comunicativo, de un número de teléfono proporcionado
por una compañía en publicidad televisiva? ¿Es interactividad
el simple hecho de que un usuario pueda escoger el orden en que leerá
(lectura multilineal o multisecuencial), verá o escuchará
los contenidos de un sitio?
Una conclusión general a la que he llegado luego de hacer esta investigación, y que no sólo emana del análisis de los sitios, sino de cuestiones que he advertido a lo largo de todo el proceso de construcción de la tesis, es que es absolutamente necesario sistematizar un análisis especializado de Internet, como medio de comunicación, precisamente desde la perspectiva de la comunicación. En general, según pude revisar en la bibliografía escogida, en la actualidad hay dos aproximaciones básicas para generar conocimiento sobre Internet como medio: La primera trata de identificar las características distintivas de Internet para profundizar en ellas. Esencialmente surge de la experiencia de profesionales que trabajan en este medio desde sus orígenes y que tienen un acercamiento netamente empírico. Sus conocimientos, de vanguardia, surgen de la experiencia y actualización periódicas. Es el tipo de aporte de gente como Louis Rosenfeld y Peter Morville y, en general, de quienes se dedican a actividades asociadas a arquitectura de información, diseño de interfaz, análisis de usabilidad, ingeniería y sistemas. Su ventaja, es que se especializan en el medio y en sus particularidades; la desventaja, es que muchas veces carecen de distancia crítica y rigor metodológico para teorizar sobre la materia, y lo que es más claro, para cuestionar las teorizaciones de otros. En general, las discusiones a este nivel se centran en cómo aplicar un principio definido por un “gurú” y no en ajustar o enriquecer ese principio a través de la crítica. El análisis que he realizado, de hecho, se basa en un libro escrito en 1998, y que sigue siendo el texto de cabecera de quienes se especializan en la materia. La mayoría de los puntos de vista posteriores son sobre una misma base y no sobre una base nueva. La segunda aproximación es la de teóricos que ven Internet desde una perspectiva general. Lo estudian desde afuera, aplicando estructuras de análisis surgidas de otros medios. Es el acercamiento académico, de especialistas de áreas relacionadas al estudio de las nuevas tecnologías y ciencias sociales dentro de las que se enmarcan los comunicólogos. Se centra en el análisis de los efectos, usos y apropiación; en general, implicaciones del medio sobre las personas y viceversa (también análisis de contenidos, aunque sin marcar una diferencia sustancial respecto de análisis de contenidos de otros medios de comunicación). La principal ventaja de esta aproximación es que existe una visión muy crítica, a diferencia de la anterior; la desventaja que percibo es que, en general, no es una teoría debidamente especializada en el medio. Ambos caminos son perfectamente válidos; de hecho es imposible abarcar todos los puntos intermedios entre la especialización y la abstracción. Sin embargo creo que, en líneas gruesas, los especialistas en comunicación nos hemos autoasignado al segundo grupo; también los hay en el primero, pero en un número muy ínfimo en comparación con profesionales de otras áreas. Esto resulta hasta cierto punto lógico; antes de hablar sobre un medio hay que implementarlo, lo cual explica que haya desde hace años una gran oferta de estudios en áreas de sistemas de información, ingeniería y programación, con la consecuente influencia de especialistas de estas disciplinas en las líneas de pensamiento sobre Internet y sus proyecciones, mientras la oferta académica de comunicación especializada en esta tecnología aún no está demasiado difundida. Ante este panorama, y como en muchas otras áreas del conocimiento humano, estimo que una apuesta interesante –en este caso desde el punto de vista de los comunicólogos- es la triangulación permanente entre la práctica y la teoría, entre la perspectiva empírica y la académica. Suena lógico, pero no es fácil de llevar a cabo. Creo que la clave para elevar la calidad de los mensajes de Internet como medio de comunicación es tratar de entender al máximo la base de su lenguaje, para explotarlo de la mejor manera posible. Sin embargo esa aproximación debe ser crítica, con una visión integral de la tecnología y la comunicación. El desconocimiento de cómo funciona un código de programación, no impide hacer una crítica u observación razonable a un producto final basado en su uso; pero esa crítica resulta impecable si se hace conociendo la base del lenguaje de Internet y también la del lenguaje de las personas. Internet es una tecnología, pero también un medio de comunicación; se basa en un lenguaje digital, pero en las pantallas no vemos números, vemos fotografías y videos, escuchamos música y chateamos con algún amigo. La red no nos influencia más de lo que nosotros la influenciamos y eso debe verse reflejado en la investigación sobre este medio.
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© 2003 - Esta investigación fue hecha gracias a una beca otorgada por la Secretaría de Relaciones Exteriores del Gobierno de México